Después de la noticia “extraoficial”, por parte de los tres representantes del Ayuntamiento de l’Hospitalet y altos cargos del PSC de la ciudad, entre chanzas y con una espléndida demostración de insolencia menospreciativa, y que nos notificaran que Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet no tendría candidato de Diputado al Parlament de Catalunya y ni siquiera un diputado testimonial en las listas del PSC al Parlament de Catalunya, se produjo la “espantá”. Ciutadans pel Canvi había dejado de existir para pasar a convertirse en una versión cutre de Barrio Sésamo, con Epi y Blas mostrando su lado oscuro. Y es que cuando las cosas no salen como uno quiere el único recurso que queda es mostrarse tal como uno es en realidad. Y así lo hicieron nuestros amigos de Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet. Se acabó el buenismo, se acabó la democracia, se acabó el cambiar las formas de hacer política. Ninguno había conseguido sus objetivos, y se comportaron como ratas abandonando un barco antes de hundirse.

¡Es que no te puedes fiar de esta izquierda asilvestrada. Llévales la contraria y verás donde se queda la democracia.
¿Y en estas dónde estaba el botiguer? Reconvertido a bombero en aras de un proyecto en el que nadie creía, ni siquiera los promotores de ese movimiento cívico. Intento inútil porque los objetivos de nuestros amigos “progresistas y de izquierdas” no se habían cumplido. Y para eso, ¿porque narices tenían que seguir?
Si alguien se ha molestado en leer los posts cronológicos de la historia de Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet, se habrá dado cuenta de que casi no se menciona al botiguer o, como mucho se hace referencia a él de soslayo.
Pero esto tiene su razón de ser. Desde que se sabía que había la posibilidad cierta de que la Plataforma de apoyo que se había creado para que Pasqual Maragall fuera presidente de la Generalitat, nuestro botiguer, al que se le había nombrado Coordinador porque nadie quería mojarse por si la cosa salía mal, se dio cuenta del talante de los compañeros de viaje.
Esa noche los teléfonos ardieron. Estaba claro que nadie de los aspirantes a hipotéticos diputados ivan a continuar trabajando ahora que sabían que no había premio.
Pero esto tiene su razón de ser. Desde que se sabía que había la posibilidad cierta de que la Plataforma de apoyo que se había creado para que Pasqual Maragall fuera presidente de la Generalitat, nuestro botiguer, al que se le había nombrado Coordinador porque nadie quería mojarse por si la cosa salía mal, se dio cuenta del talante de los compañeros de viaje.
Esa noche los teléfonos ardieron. Estaba claro que nadie de los aspirantes a hipotéticos diputados ivan a continuar trabajando ahora que sabían que no había premio.
El botiguer se impuso el llamar uno a uno a todos los asistentes al triste espectáculo que nos dieron los dirigentes del PSC de l’Hospitalet y frenar como fuera la deserción en masa. ¿Su justificación? Si esto tiraba adelante y se conocía, el movimiento de Ciutadans pel Canvi quedaba seriamente tocado, tanto por el resto de partidos políticos que no sabían cómo reaccionar ante esta plataforma “ciudadana” y sacarían réditos de estas circunstancias, como por los propios militantes del PSC que veían con recelo el protagonismo que adquiría Ciutadans pel Canvi, robándoles puestos al Parlament de la Generalitat. ¡Que bonitos son los socialistas cuando se aferran a la teta del poder!
Y también habían cuestiones personales, por supuesto. Un alcalde, un partido, le habían escogido para llevar adelante Ciutadans pel Canvi, y este era su objetivo.
Sabía los compañeros de viaje que tenía. Sabía de sus ambiciones, de su falta de hosnestidad, de su visión enfermiza de la política y de su falta de moralidad y de escrúpulos. En el fondo era divertido. Tantas reuniones secretas, tanto molestar a la secretaría de Pasqual Maragall, conversaciones con el prestigioso editor y coordinador de Ciutadans pel Canvi. Y al final nada.
Primera llamada; al luchador antifranquista. Desmoronado, sollozante, balbuceante, convertido en un despojo político. Su primera reacción: “Ni yo ni el marino mercante iremos a pegar carteles mañana, en el inicio de campaña”. La excusa era que su mujer le había increpado y maldecido, porque después de tantos años dedicado al sindicato y a la política, nunca había obtenido nada de nada. ¡Y menos mal que todavía tenemos políticos que esgrimen su voluntad de servicio!. Pero suenan a slogan de vendedor americano de coches de segunda mano.
Y la respuesta del Botiguer, que no tiene desperdicio. “Nadie ha entrado aquí para ocupar un lugar en el Parlament. Estamos aquí para cambiar las formas de hacer política, que Pasqual Maragall sea president de la Generalitat y para que España sea un estado federal”.
Pues mira que hay que tener moral. Uno a veces llega a la conclusión de que la historia no la mueven los descreidos como yo, sino los idealistas prácticos como el botiguer. Es para admirar. Creía aboslutamente todo lo que decía, pero fallaba en varias cosas: En la lealtad a unos políticos infames e interesados, confiar en el sentido común de unos compañeros de viaje con sus propios intereses, y en creer que el problema de nuestro país pasaba por un estado federal, como paso necesario para la independencia.
La verdad es que ha defendido estos principios tanto en Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet, como en Ciutadans pel Canvi Central. Es de valorar, pero ya se sabe. En nuestra democracia partidista, una persona honesta no tiene ningún valor. Y menos si no tiene precio.
Y eso en l’Hospitalet es como una losa. Nunca me he sentido tan irritado en mi vida. Unos por demasiado buenos y otro por demasiado malos, pero nuestra democracia es un hervidero de intereses, ambiciones, poder, nepotismo y cierta tendencia al fundamentalismo inquisitorial en cuanto a lo que puedes pensar o puedes opinar en ciertos temas “tabús”. Supongo que debe ser consecuencia de que nos gobiernen antiguos fundamentalistas ideológicos a los que se le ve el plumero estalisnista de vez en cuando.
No sirvió de nada hablar con nuestro laureado luchador antifranquista, pero se consiguió una ligera promesa de cumplir con su obligación.
Segunda llamada: Al ex-sindicalista reconvertido en comisario político de absolutamente nada y con el hijo como candidato. Respuesta: Yo como el luchador antifranquista, no pienso hacer nada. Y mi hijo está destrozado. El botiguer que suelta el mismo rollo y el otro como quien entiende la cosa. ¡Pero vamos a ver! que tu hijo no ha salido ni candidato y con eso se ha quedado bloqueado tu manual ideológico. Nuestro ex-sindicalista no es muy inteligente. Pero para él ya le vale. ¡Siempre queda la pedrea!. Pegará carteles.
Tercera llamada: Al funcionario dedicado a la escalada. No hay ningún problema. El programa de Ciutadans pel Canvi seguía vigente y que teníamos que convertirnos en un piña.
Parecía que las cosas se habían enderezado, pero el botiguer no había contado que casi todos sus compañeros de viaje trabajaban el el propio Ayuntamiento, y como todos saben, esto crea lealtades difíciles de solucionar.
Y ahora el botiguer; Nadie le ha agradecido el gesto de que Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet haya sido una de las plataformas más numerosas y activas de todo el movimiento social que despertó el proyecto. Un hombre con convicciones, convencido de que la democracia es el mejor sistema, pero que la que tenemos es una pura parodia orquestada por algunos partidos que venden ideales , gobiernan sin saber y en el día a día convierten la corrupción y el nepotismo en un estilo de vida.
Si ahora ya sabíamos de qué pie cojeaban nuestros amigos hermanados por el PSUC y el funcionarido… Por cierto, nunca se ha hecho un estudio que relacione a los funcionarios con la pertenencia a un partido o a un sindicato. Ni te cuento si hicieran el árbol genealógico de nuestros funcionarios. Nos quedaríamos soprprendidísimos.
La verdad es que el botiguer consiguió poner orden a las huestes de Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet, pero estos ya estaban pensando en la siguiente jugada.
¡Si no nos ha tocado la lotería, seguro que algo conseguiremos con la pedrea!. Claro que para eso, vamos a dejarnos de buenos modales. Todo sirve; todo vale.
Y aquí, en ese momento, Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet se convirtió en una mala versión de Barrio Sésamo. Lo único que quedó fué la melediciencia, el deseo del dinero, la necesidad de aparentar poder, el reconocimiento renumerado y la promoción profesional. Funcionarios, cargos de confianza, secretarios, directores generales…
El sector suburbial y metropilitano de Ciutadans pel Canvi de l’Hospitalet había sido herido en su autoestima, pero aún quedaban puestos para jugar. Y el botiguer llevando una nave amotinada, en la que no sabía que había polizontes (sorpresas del moviente asambleario) y en la que todos se creían capitanes. Y aquí la sombra del PSC de l’Hospitalet se cernió sobre el movimiento. Objetivo: Su desaparición de la ciudad y de paso cargarse al botiguer. Demasiado honesto para ser socialista.